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Llegaba el verano, por la mañana, parecía que lo unico que había eran montañas.

Por el campo a la derecha hierba, trigo, un río donde al amanecer y al anochecer se podia ver una pareja de nutrias.

A la izquierda había campo abierto hasta que llegaba a las montañas, tambien había un ganado de muchas cabras.

En el fondo se podía ver un pozo antiguo con rueda, casi invadido por los juncos que brotaban del suelo, tambien se podia ver un caballo alegre trotando.

Los alcornoques, encinas, castaños y pinos se juntaban llenando el paisaje de

arboles.

En una extensión llena de encinas crujía  el suelo, por las caperuzas de las bellotas.

El cielo estrellado de la noche era como mil lucecitas brillando a toda potencia.

 

AUTOR:Pablo Olivares Garrigos