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Tiburón blanco

Hola soy Carlos,algunos dicen que algunas experiencias son peligrosas, pero yo pienso que si escapas con vida te sientes orgulloso de haberlas vivido, por ejemplo la que nos sucedió a mis amigos y a mí el día 18 de agosto de 2013. Nuestras madres nos dieron permiso para ir a la playa solos y con nuestros amigos. Aquel día nosotros estábamos sentados en las toallas y yo dije:

-¿Sabéis que los tiburones blancos son 100 veces más grandes que los humanos?

Los demás dijeron:

-¡Cállate ya!

Vale, dije yo.

Luego todos vimos como una púa gigante que se movía y nos dio igual porque creíamos que era una tabla de surf rota, más tarde la playa se vació y la púa se acercó y, chaaaffffs apareció la silueta de un tiburón blanco

- Lo veis, es cien veces más grande, dije yo

-¡Corre! dijeron todos.

Nosotros ansiosos cogimos nuestros ahorros y fuimos a un puerto.

¿Que vas ha hacer con el dinero de todos? Dijeron las chicas y Jesús.

Comprar un barco con arpones, dije yo.

Me parece bien, dijeron todos.

Ya en alta mar Jesús dijo:

- Y…¿ por qué lo de los arpones?

- Porque vamos a cazar a ese tiburón antes de que haga daño a nadie.

- Si será lo mejor, dijeron Malena, Silvia, Andrea, Isabel S., Isabel O. y Ángela.

Más tarde el barco sufrió un golpe y ¡ahí estaba! Jesús y yo corrimos hasta el puesto de arpones y comenzamos a disparar. Las chicas aseguraron el barco para que no se destruyese. De repente

-¡Le he dado, ya está muerto! dijo Jesús

-No eso es lo que ha hecho que creas para que desprotejamos el barco y que pueda atacar y comernos, será un tiburón pero es muy listo, dije yo.

Entonces atracamos el barco en una isla y llamamos a nuestras madres para decirle que pasaremos días acampando.

Buscando por el barco encontramos 4 trajes de buzo y suficiente comida. Y nos construimos un refugio en la isla.

Al día siguiente nos despertó un ruido.

Y fuimos ha ver que pasaba y ¡era el tiburón comiéndose el barco!

- ¡Empiezo a pensar que nos tiene manía!-dije yo.

Entonces Jesús cogió un arpón con la mano y se lo lanzó entonces se fue y tuvimos que arreglar el barco con madera y pintarlo de blanco con leche de coco y volvimos de cacería.

Pero no aparecía el tiburón, entonces Malena, Silvia, Jesús y yo nos pusimos los trajes de buzo, cogimos dos arpones cada uno y esperamos.

En unos minutos nuestros amigos nos hicieron unas señas formando una T con la mano. Malena dijo:

-¿Qué significa eso?

Tal vez ¡que el tiburón está detrás de ti, cuidado!, le respondió Silvia.

Entonces Malena le clavó los arpones en la cabeza y nosotros hicimos lo mismo.

Y rápidamente volvimos al barco y fuimos a la isla. Malena dijo:

¿Creéis que estará muerto?

-No, su piel es muy dura, solo lo hemos herido, lo que está muy bien, porque así será más fácil matarlo dije yo.

Esa misma tarde fuimos a buscarlo otra vez pero tardó en aparecer .También nos pusimos los trajes de buzo y pusimos una trampa al tiburón y Malena, Silvia, Jesús y yo nos metimos en una jaula y al cabo de un rato el tiburón apareció y embistió

contra la jaula mientras los demás le disparaban arpones desde el barco, pero fallaron era muy rápido estaba apunto de comerme pero justo le dispararon en la boca y se fue.

Seguíamos pensando en como acabar con el tiburón y se nos ocurrió una idea pero era muy sacrificada, seria fabricar un tipo de granadas marinas hechas con huevos rellenos de aceite de coco y gasoil de mi mechero, nos costó mucho fabricarlas pero después de un largo rato las teníamos preparadas, pero en vez de ir al mar nos quedamos en la orilla con un cebo para atraerlo solo nos sumergimos Malena y yo, y esperamos horas, pero no aparecía pensábamos que estaba muerto pero era científicamente imposible, ese día no apareció era algo increíble le dábamos por muerto.

Al día siguiente lo volvimos a intentar pero ese día si que apareció y con las heridas casi curadas debió quedarse a descansar y a curar se ese día, vayamos al grano Malena y yo nos acercamos a su inmensa boca y disparamos las granadas mientras los demás le disparaban arpones y finalmente logramos acabar con él o eso creemos y con sus dientes nos hicimos collares.

Autor : Carlos Ruiz Garcia Casarrubios