¡Hola! Mi nombre es Ruth y voy a contaros la historia de mi comunión:

-Estábamos a 25 de diciembre cuando mi madre me dijo que como regalo de Papá Noel, me iba a comprar el vestido de Comunión y que podía elegir el que más me gustase. Yo elegí un o de color azul turquesa que me quedaba "que ni pintado". Tenía un cuello barco, unas florecitas en la cintura y la falda de tul. Total el vestido con el que sueña cualquier niña de mi edad.

Pasados 4 meses, estábamos a 30 de Abril del 2009. Sólo me quedaban 8 días para hacer la comunión. Esos 8 días, fueron los más agotadores de toda mi vida:            Los tres primeros días estuvimos practicando la entrada a la iglesia. Los otros dos días estuvimos practicando las posturas que teníamos que ejercer al llegar al altar. Y por último, ( y por cierto, los más "pesaos" de todos) estuvimos aprendiedo y cantando todas las canciones del Coro Celestial.

Pero por fin llegó el día. Yo me tenía que levantar a las cinco y media de la mañana porque a las seis en punto de la madrugada llegaba la peluquera a peinarnos a mi madre, a la odiosa de mi hermana mayor y a mi. Con todo esto nos dieron las nueve, contando que a las diez y media en la Casa Parroquial. Total que nos vestimos y llegamos diez minutos antes.

Y al fin, llegaron las once y media de la mañana. Todos entramos al Altar tal y como habíamos aprendido; escuchamos la misa con más ilusión que nunca y llegó el momento de tomar el Cuerpo de Cristo. Todos estábamos muy nerviosos; al final, sabía a barquillo. 

Cuando llegamos a el restauralte "El Mirasol", mis primas gemelas se fueron a los columpios del parque, mi hermana mayor se lió a hablar con el novio por el móvil y mi padre no hacía más que grabarlo todo. Llegó la tarta que  era de limón y nata, que  estaba muy rica por cierto.

Y llegó el momento que no quería que llegara nunca:

El fin del día de mi

COMUNIÓN.

Y aquí estoy, contandoos mi historia. Pero no os preocupéis, dentro de poco os contaré otro relato.

FIN

Autora: Rebeca Molina Molina.